Recupero estos brevísimos apuntes para una imaginaria “historia de la carta de amor” que desconozco si está escrita. Jacques Gardy dice que sólo puede haber amor en las sociedades que tienen escritura, porque escriben cartas de amor.

Durante cientos de años la comunicación y el tanteo entre amantes se escribía a través de cartas, largas o cortas, en mensajes y billetes. Hay que tener en cuenta que se necesitaba cierto alfabetismo y por eso existían los “escribidores” de cartas que ayudaban a los analfabetos. En el envío de la carta de amor intervenían los mensajeros y más adelante habrá que tener en cuenta al sistema postal y los servicios postales o de correos que son los que garantizan y dan certeza a que la carta llegue a su destino.

En España por ejemplo no es hasta el año 1762 que no existen los buzones para depositar las cartas. Estas se entregaban a mamo al encargado del correo. Ese año se dispuso oficialmente que se abrieran“agujero o reja, en todas las Hijuelas o Veredas, por donde se echen las cartas, sin que se puedan recibir en mano”. Así se mejoraba el servicio y se evitaba la desconfianza personal por la posible pérdida del envío y también se acortaban los tiempos de entrega y de espera.

Ya en 1980, Derrida en la “La tarjeta postal” sugiere la posibilidad de una red de comunicaciones sin destino o destinatario en la que todo mensaje se dirija a quien le pueda interesar, un sistema que valore la interferencia por encima de la transparencia, o el orden (postal). ¿No lo permite esto internet y las redes telemáticas? Una escritura abandonada a su propia suerte y entregada a un imperio sin límites.

Las cartas de amor eran escritas de puño y letra, la caligrafía daba fe de su autenticidad, en ocasiones firmadas con sangre y semen para que no pudieran ser falsificadas. Su materialidad importaba -eran besadas, perfumadas- también la tinta, el tipo de papel, el sobre. A veces iba acompañada de un rizo, un objeto, que actuaban como talismanes para la caricia, para hacer presente algo del ausente y paliar la ausencia. La escritura de la carta introduce el tiempo y la distancia. En la carta había una estrategia a largo plazo.

La aparición violenta del teléfono rompió esto. Para Rafael Argullol esto nos sumergió en un ambiente de cine negro. En las películas la gente no se enviaba cartas sino que se telefoneaba, y de ahí la crudeza, la rudeza, la violencia de las relaciones. El teléfono también sirvió como carta de amor, pero no permitía el tanteo previo. El teléfono es descarnado, desnudo, no permite demorar la respuesta. Exige que varíes tu propia táctica en función de las respuestas que vas recibiendo. En la voz desnuda en el teléfono existe mayor exposición de uno mismo.

El sms y whasapp como carta de amor del siglo XXI

En la época de las máquinas de escribir, finales del XIX y durante todo el siglo XX las cartas de amor se seguían escribiendo a mano. Ahora ya nadie envía cartas por correo, las nuevas formas de la carta de amor de siglo XXI se dan en el email, el sms y el whasapp, medios que aunque simulan el tiempo real aún tenemos un tiempo de respuesta, aún nos permite unos segundos, minutos, horas para dar una respuesta y variar la estrategia. La estrategia con estos medios es más sibilina: ofreces fragmentos, esperas la respuesta, ofreces otro fragmento, como piezas de un puzzle, configurando nuevos rituales y nuevas sensibilidades amorosas en nuestra época.

El sms es sintético, tramposo en el sentido de poner una trampa, una trampa de seducción. También participa algo del encantamiento propio de la publicidad, del slogan, de la frase precisa. En opinión de Argullol el sms es sintético, conceptual, exige una estrategia diferente a la de la carta de amor, -una estrategia de enunciación, seducción, de hacer lazo, de aproximación al otro-. Lo compara con el haiku o el epigrama. La estrategia del sms es más metafísica, imaginista, casi sensorial. El sms se acerca a la pincelada, la carta de amor al tratado.

El sms tiene las carácterísticas que destacó Italo Calvino “Seis propuestas para el próximo milenio”: levedad, rapidez, exactitud, multiplicidad, visibilidad y ¿consistencia?

Como en toda carta de amor lo que importa va mucho más allá del propósito comunicacional de un mensaje. Se trata de atesorar cierta manera de placer, de gozar y de compartir ese placer. Se trata de algo que permanece capturado en la letra y por eso son conservados, releídos, atesorados. El sms como trampa para capturar ese goce, compartir ese goce. Existe un goce en la sintaxis, en la tipografía (mayúsculas, minúsculas…) cada pequeño detalle es interpretado, abreviaturas, supresión de letras, juegos del lenguaje, acertijos, emoticones.

En opinión de José Vidal (psiconalista) la carta de amor actualmente sobrevive en el sms y por extensión el whasapp. Frente al vídeo, al skipe, al messenger, etc. el sms supera estas formas audiovisuales que imponen el carácter de simulación o simulacro de la imagen. El sexting, un término que recoge en su nombre sex y text, consiste en intercambiar mensajes de imagen o vídeo vía SMS con contenido erótico. En esta práctica actual de flirteo amoroso, las palabras han quedado relegadas y sustituidas por el cuerpo, su imagen y la utilización de las ubicuas cámaras instaladas en cualquier dispositivo móvil. Las distancias se acortan, nunca como ahora es posible tener al otro tan presente en la ausencia.

Frente a la pérdida de orden simbólico en el mundo actual (por la proliferación de simulacros que sustituyen a la mediación simbólica) el sms es un reducto, un guiño que el sujeto ha encontrado para la supervivencia del orden simbólico. “Como si las tecnologías del capitalismo globalizado, internet sobre todo, pero particularmente las formas de comunicación de uso personal como el teléfono móvil y el sms tuvieran la capacidad de interpelar al sujeto contemporáneo en su posibilidad de hacerse responsable de una enunciación.”

En el sms sobrevive la letra y el texto. La escritura prevalece como más eficaz en un mundo invadido de imágenes, superando el carácter de simulacro de las formas audiovisuales. El sms, el email, el chat o whasapp nos permiten mantener algo de esa ausencia y esa distancia en una época de inmiscusión total de las tecnologías de la presencia, la transparencia (control, vigilancia) del cuerpo y la onmipresencia de la voz y de la mirada. El sujeto encuentra en el sms una manera de mantener a distancia, de hacer una distancia con el otro y permitirle ser amable.

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De la serie medeasms

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