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“… Quien ama apasionadamente a una mujer, a sus hijos… da “rehenes a la fortuna”. De entonces en adelante podrá atormentarse aunque esté sano, le obligará a pedir perdón aunque sea un valiente y duro para soportar el dolor. Le tiene dominado. Él sabe del sufrimiento mucho mayor que el de sus propias enfermedades, de sus propios fracasos: de seguir con ansiedad abrasadora el curso de la fiebre de un ser tiernamente amado. Mucho más fuerte, pues el enfermo está modelado por la enfermedad, animado por la fiebre o amodorrado por la fatiga. Pero el que no está enfermo y ama, sufre con todas sus fuerzas intactas. Quiere ayudar y se siente impotente. Quisiera entregarse en lugar del rehén tan querido y la enfermedad, altanera y tiránica, se encarniza con las víctimas elegidas. No alcanzándole el mal que le mata, se siente fugitivo y traidor contra su voluntad. De todos los suplicios humanos, es el más terrible.”

Sentimientos y costumbres, 1951. André Maurois

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