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“¿Cómo se recuerda el amor? ¿Recordamos de verdad un sentimiento? No. Sabemos que existió, pero la memoria no guarda la intensidad del deseo. ¿Qué es lo que recordamos exactamente? No reproducimos las sensaciones. Sin embargo, podemos traer a la memoria un tono o un matiz emocional, algo leve o intenso, placentero o desagradable y no puedo evocarlo. Recuerdo estar tumbada en la cama con Felix. Pero ¿es una ocasión en concreto o son muchas ocasiones que se han fundido en una y que se remontan al principio, cuando nuestro amor nos absorbía por completo y yo ansiaba constantemente sus caricias? Sé que a veces sostenía su cabeza entre mis manos mientras follábamos. Sé que después le susurraba al oído palabras olvidadas en el tiempo, probablemente tontas. Pero ¿recuerdo un momento aislado y concreto? Sí, en el hotel Regina de París, con aquellas camas incómodas que tuvimos que empujar para juntarlas. Cinco estrellas y con esas camas. Creo recordar la línea de luz entre las pesadas cortinas mientras estaba sentada encima de él, follándomelo. Hace mucho tiempo.

También recuerdo la frialdad, su espalda vuelta hacia mí. La distancia entre nosotros, sus ojos mirándome inexpresivos. Recuerdo algo ocurrido durante una cena. ¿Dónde era? La broma mordaz sobre el matrimonio, no el nuestro, por supuesto, sino la institución en general. ¿Cuáles fueron sus palabras? No me acuerdo. Lo que síe recuerdo es que me sobresalté y le miré. Guardo la imagen de un plato con un borde dorado. Felix gira la cabeza. Ahora vuelvo a sentir lo mismo al recordarlo, siento el dolor, quizá no tan intenso, pero el dolor ha vuelto junto con ese recuerdo que es tan vago que casi se ha borrado: había una broma, un plato, una mirada y un dolor intenso. ¿El dolor perdura más que la alegría en la memoria?”.

“El mundo deslumbrante” de Siri Hustvedt

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