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Os recomiendo este libro que he leído con placer. Adam Phillips se enfrenta al tema de la monogamia como enigma, la examina para hacer saltar en pedazos su obviedad, su “aparente derecho a no ser examinada”. Un libro de aforismos, de textos breves y lectura lenta, de paradojas que fuerzan los sentidos aparentes.

He seleccionado algunos fragmentos:

 

monogamia

“¿Por qué nos impresiona más la experiencia de enamorarnos que la de desenamorarnos? Después de todo, las dos son dolorosas, las dos terriblemente desconcertantes, las dos son oportunidades.
Tal vez valoremos la monogamia porque nos permite las dos cosas; incluye el desenamoramiento como parte del ritual, e incluso lo alienta”.

“En la vida privada la palabra nosotros es una pretensión, una exageración de la palabra yo. Nosotros es el yo deseado, el yo como pandilla, el yo como alguien más también. Si la vida en pareja puede desanimar tanto es porque el otro nunca se nos une de verdad; o, mejor dicho, porque quiere exactamente lo mismo, pero desde un punto de vista totalmente distinto”.

“El mejor escondite -el más acogedor- es aquel en que podemos olvidar de qué estamos escondiéndonos, o, simplemente, que estamos escondiéndonos. El secreto que la pareja tiene que guardar -la mayor parte de las veces, uno del otro- es de qué se esconden y el hecho mismo de estar escondiéndose. La creencia que tienen que sostener es que sus miedos son los mismos.
Las parejas existen porque es imposible esconderse solo”.

“La tarea más difícil de toda pareja es conseguir la cantidad justa de malentendidos. Demasiado pocos, y ya dan por supuesto que se conocen. Demasiados, y comienzan a creer que hay otro, en otra parte, que los comprende.
Tenemos amantes cuando las proporciones fallan”.

“Sólo somos verdaderamente monógamos cuando la monogamia deja de ser el problema; es decir, cuando estamos enamorados.
Estar enamorado resuelve el problema de la monogamia haciéndolo irrelevante; mejor dicho: resuelve el problema de mi monogamia. Cuando estoy enamorado, sólo la otra persona puede ser infiel. Incluso cuando cometo un acto de infidelidad -cosa que, curiosamente, ahora soy más libre de hacer-, será inocente, inofensivo, intrascendente. Al final, heme aquí convertido en el monógamo absoluto. El anterior vagabundeo de mi deseo se ha vuelto impensable”.

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