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En el libro “¡Bienvenidos a tiempos interesantes! Slavoj Zizek argumenta cómo en el capitalismo de la mercancía autoritaria que vivimos, la economía, la lógica del mercado y la competencia se imponen progresivamente como la ideología hegemónica. Destaco el siguiente párrafo que resume a la perfección algunos de los temas y cuestiones que pretendo tratar en este blog.

Slavoj Žižek

“Incluso la configuración de relaciones emocionales es organizada, cada vez más, de acuerdo a las pautas de una relación mercantil. Alain Badiou (El elogio del amor, 2009) propone un paralelo entre la búsqueda hoy, de una pareja sexual (o marital) a través de agencias de citas y el antiguo procedimiento de matrimonios arreglados por los padres: en ambos casos, el riesgo mismo de “enamorarse” es suspendido, no hay ningún enamoramiento contingente, el riesgo verdadero del llamado “encuentro amoroso” es minimizado por arreglos hechos con anterioridad, arreglos que toman en cuenta todos los intereses materiales y psicológicos de las partes interesadas.

Robert Epstein llevó esta idea a su conclusión lógica al proporcionar la pieza que faltaba: una vez elegida la pareja apropiada, ¿cómo asegurarse de que ambos se querrán efectivamente? Basado en el estudio de matrimonios arreglados, Epstein desarrolló una serie de “procedimientos para la construcción de afectos“, pues se puede “construir el amor deliberadamente y escoger con quién hacerlo”… Estos procedimientos se apoyen en la autocosificación mercantil (self-commodification): en las citas por internet o en las agencias matrimoniales, cada pareja posible se presenta a sí misma como mercancía, con una lista de sus cualidades y fotos.

Eva Illouz ha explicado perspicazmente la usual decepción que se produce cuando las parejas de internet deciden encontrarse en la realidad: la razón no radica en la idealización de la autorrepresentación, sino en que esa autorrepresentación se limita necesariamente a la enumeración de rasgos abstractos (edad, pasatiempos, etc.). Lo que falta aquí es lo que Freud llamó “la característica única”, ese je ne sais quoi que instantáneamente hace que me guste o me disguste el otro. El amor es una elección que, por definición, es vivida como necesidad: enamorarse debería ser un acto libre, pues uno no puede ser conminado a enamorarse; y, sin embargo, nunca estamos en la posición de ejercer esa libre elección: si uno decide de quién enamorarse, comparando las cualidades de los respectivos candidatos, eso no es, por definición, amor. Lo que pasa, simplemente, es que, en cierto momento, uno se descubre abrumado por el sentimiento de que ya ESTÁ enamorado y de que no podría ser de otra manera: es como si desde la eternidad el destino hubiera estado preparándome para ese encuentro. Esta es la razón por la que podemos decir que las agencias matrimoniales son, por excelencia, un instrumento del antiamor: apuestan a organizar el amor como si se tratara de una real elección libre (al recibir la lista de candidatos seleccionados, escojo al más apropiado).”

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