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Voy corriendo a una librería a comprar el libro “A favor del amor” de la articulista norteamericana Cristina Nehring. Y no puedo dejar de publicar esta entrevista que me he encontrado en la red y que apareció ya hace un tiempo en elmundo.es.

Una de las ideas del libro se expresa en esta cita: “La reputación de un pensador masculino queda intacta o mejora por una biografía cargada de erotismo. La reputación de una pensadora femenina queda sutilmente minada o brutalmente despedazada”.

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‘A favor del amor’ empieza con el ejemplo de Mary Wollstonecraft, la madre del feminismo moderno y una mujer que, pese a ser respetada intelectualmente, fue absolutamente desprestigiada por enamorarse de un hombre que no le correspondió. Al final, la sociedad de su época se fijó más en su corazón que en su obra ‘Vindicación de los derechos de la mujer’…
Sus coetáneos creyeron, desde mi punto de vista erróneamente, que su ‘pasión’ romántica comprometía su ‘razón’ política, literaria y moral. En otras palabras, aquellas personas consideraban que no puedes ser al mismo tiempo una buena feminista y una gran amante. Si eres mujer, debes elegir entre el corazón o la cabeza. Si quieres ser respetada por tu cerebro, es preferible que escondas, o incluso mates, tu corazón. Particularmente no estoy en absoluto de acuerdo con este punto de vista. Creo que si el feminismo quiere avanzar, debe transformarse en un feminismo que defienda lo romántico.

En la otra mano tenemos la historia de Edna St. Vincent Millay, que tuvo una vida sexual muy activa y que, pese a ser una poeta más que reconocida, también acabó viendo cómo su vida íntima eclipsaba su reputación. Es decir, una existencia absolutamente distinta a la de Mary Wollstonecraft, pero con el mismo final.
A Edna St. Vincent Millay le ocurrió lo mismo que a Wollstonecraft, porque su actividad emocional y sexual la convirtió en alguien intelectualmente sospechoso. No importa que una mujer tenga éxito o fracase en su vida amorosa, porque el hecho de que preste demasiada atención al amor ya es razón suficiente para que se la desacredite como pensadora.

Pero los hombres pueden escribir sobre el amor sin ningún tipo de problema. Petrarca y Dante se pasaron la vida suspirando por dos mujeres que no les hicieron ni caso.
Es que no ocurre igual con los hombres. A ellos no se les desacredita por tener sentimientos, independientemente de que éstos sean correspondidos o no. Muchos grandes escritores (de Gabriel García Márquez a Philip Roth y Michel Houellebecq) han sido grandes amantes y eso no sólo no los ha desprestigiado, sino que les ha ayudado en su carrera.

Afirma que el movimiento feminista ha sido tradicionalmente anti-romántico y que éste ha sido uno de los grandes motivos por los que se ha terminado criticando a las intelectuales que tenían el corazón demasiado sensible.
El feminismo nació como una lucha contra los hombres. Ellos eran los enemigos, así que ‘dormir con el enemigo’ era un signo de debilidad. Se llegó a decir que el amor era una trampa inventada por los hombres para mantener el poder sobre las mujeres. Por tanto, si no quieres ser engañada, debes mantener la distancia con el sexo contrario. En cierta manera, este argumento formaba parte de una etapa que el feminismo debía atravesar. Pero este argumento actualmente no sólo es redundante, sino que se convierte en destructivo. Porque, del mismo modo que los hombres se han alimentado del amor para crear obras maestras, las mujeres pueden y deben hacer lo mismo, sin miedo a que se las tache de estar sometidas al poder de los hombres. En pocas palabras: destrozar un corazón es destrozar un genio.

¿Podría poner algún ejemplo de una escritora o artista contemporánea a quien se le haya juzgado por su sexualidad antes que por su obra?
Actualmente, las intelectuales se censuran a sí mismas, así que no necesitan a nadie que lo haga desde fuera. De todas formas, un buen ejemplo sería Katha Pollitt, una de las feministas más importantes de Estados Unidos. Fue objeto de una cruel campaña en su contra cuando escribió un artículo reconociendo su obsesión por su ex marido. Por otro lado, cuando yo dije a mis profesores y colegas de la universidad que estaba escribiendo un libro sobre el amor, miraron al cielo y asumieron que yo sería una autora menor. Para ellos, una mujer que reflexiona sobre el amor o que directamente se enamora es intelectualmente equivalente a un payaso sin gracia.

Por otra parte, ‘A favor del amor’ encierra una enorme crítica a la forma contemporánea de vivir el amor y el sexo. ¿Cree que esas dos pasiones humanas se han vulgarizado?
Actualmente hay demasiadas fuerzas externas presionando sobre el amor y el sexo: la comercialización, medicalización y vulgarización del sexo, la obsesión por la cultura de la salud… El ‘sexo seguro’ se convierte en ‘amor seguro’ y cualquiera que practique una forma arriesgada o ambiciosa de amor es visto como un loco.

Realmente, su libro acaba siendo una enorme reivindicación del amor como vía para transgredir las normas.
El amor es un deseo que arrasa nuestras fronteras: las de la piel, las de la timidez, las de clases sociales e incluso las de la propiedad privada. Es un deseo que derriba los muros que separan a las personas, muros que en verdad sólo existen dentro de nosotros; muros construidos dentro de nosotros por la sociedad. Por eso, los amantes son siempre unos transgresores. Pero bajo ese deseo de transgresión siempre se esconde un deseo mayor: el de trascendencia.

Christina Nehring

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