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El Museo de las Relaciones Rotas fue creado en 2006 por dos artistas croatas Olinka Vištica y Dražen Grubišić. La idea surgió a raíz de la ruptura de la relación sentimental que mantuvieron durante cuatro años y que les llevó a enfrentarse a la tarea de dividir las cosas en común y los regalos que habían intercambiado. Pensaron en la creación de un museo que tuviera como propósito albergar los objetos de esta historia de amor rota y acabada. Esto se hizo extensible a otras personas que fueron invitados a donar objetos y dejar atrás los recuerdos de sus ex parejas.

La ruptura forma parte de la mayoría de las relaciones sentimentales, es el amor desde un ángulo diferente. Según los artistas croatas la sociedad vive momentos de formalización sobre determinadas situaciones como casamientos, funerales, cumpleaños, pero carece de un reconocimiento formal sobre el final de una relación amorosa, pese al impacto emocional que suele acarrear. Según la propia página web del museo los objetos expuestos en las vitrinas del museo como recuerdos constituyen una especie de “ritual de despojo” o de “ceremonia solemne” de la ruptura sentimental. “Una oportunidad de superar un derrumbe emocional a través de la creación, contribuyendo a la colección del museo”. Narrativa terapeútica, donde el sujeto se convierte en objeto público dispuesto a ser expuesto. La cultura emocional se expresa según el modelo del discurso terapeútico como explica en sus análisis Eva Illouz. El museo representa esta visión extrovertida del romance, orientada hacia un ideal de participación compartida en la esfera pública del ocio.

Sin embargo, no estoy tan segura que esta sociedad carezca de mecanismos para formular o formalizar las rupturas. En “€®o$. La superproducción de los afectos“, Eloy Fernández Porta escribe: “Desde el principio del capitalismo las políticas del amor se formulan, cada vez más, como una política de la ruptura. La separación se expresa en distintos segmentos del mercado y cada producto expresa una vertiente particular de esa experiencia. […] no existen las rupturas privadas: el acto de romper, “ya es oficial”, siempre es público y formal. En el sistema de mercado ese acto se convierte en la forma más notoria de la renovación del sujeto como producto”.

En este museo se formaliza tanto una política como también una estética de la ruptura que en el capitalismo (emocional) se ofrece según el concepto también de Eloy Fernández Porta, como una “política de la liquidación total”. Liquidación en el sentido de poner término a una historia, a un estado de cosas y también saldar una cuenta.

El regalo es aquello que se ofrece sin pedir nada a cambio, que no puede ser devuelto porque no establece reciprocidad alguna, no guarda ninguna proporción con el intercambio de bienes y excluye la posibilidad simétrica de un sujeto dando objetos a otro sujeto. El regalo, que de algún modo se pensaba ajeno a la lógica del capitalismo, vuelve en el museo al ciclo del consumo, al circuito de la mirada.

¿Una política de la ruptura como rechazo del don? En este sentido Alan Pauls, en El pasado escribe: “Pero las fotografías, como la mayoría de esas nimiedades simbólicas que las parejas acumulan a lo largo del tiempo, lo pierden todo cuando el contexto que les daba sentido se disuelve: no sirven literalmente para nada, no tienen ninguna posteridad. En un sentido, sólo les quedan dos destinos: la destrucción […] y el reparto”.

En la era del fin de la intimidad, o más bien del apogeo de la intimidad expuesta, los objetos de una relación rota son objetos desubicados, que no tienen ya un lugar en lo íntimo, no están por lo tanto en el lugar adecuado y en lugar de deshacerse de ellos al modo como uno se deshace de la basura, se devuelven al circuito del mercado, se revenden al modo que propone el anuncio de Cash & Converters, o ¿por qué no exponerlos a la mirada en el espacio público de un museo? Sólo en el mercado puedo objetivar mis decisiones, únicamente en lo público puedo saldar las cuentas del amor, formalizar tras una ruptura, una nueva identidad mediante la autopresentación pública en lo comunicacional. Es la renovación del sujeto como producto.

Parafraseando a José Luis Pardo cuando dice “nunca fue tan hermosa la basura”, yo añadiría que la basura nunca fue tan sentimental. Una coleccion de objetos anodinos y emocionales, el ready made duchampiano sentimentalizado. El nuevo objeto sublime es el objeto sentimental, cargado de memoria y emoción autobiográficas. Son los restos autobiográficos “elevados” a objetos de museo con el fin de reactivarlos, fotografiarlos, reciclarlos, compartirlos y retwitearlos.

El museo cumple el sueño del reciclaje completo como aquel lugar donde los objetos puedan tener un porvenir y recuperar una identidad que han perdido y volver a ser parte de una biografía y de una memoria de la cual cada uno no se hace responsable, sino que es trasladada al museo como archivo o como “historia emocional colectiva”.

O se podría ver de otro modo, como síntoma de un nuevo orden objetual en el cual tirar un objeto no nos vuelve irresponsables, sino que puede permitir un nuevo reparto del capital afectivo. Y también, desde el punto de vista de los objetos, éstos al liberarse de sus amos dejan de ser sumisos y pasivos sentimentales para amigarse y cortejarse entre ellos en el museo.

Según advierta la propia página web del Museo se propone así un "viaje emocional único" a través de cientos de objetos que sus dueños han preferido no destruir pues "un día podrían arrepentirse" y han preferido "tomar parte de la creación de la historia emocional colectiva".

El museo propone un “viaje emocional único” a través de cientos de objetos que sus dueños han preferido no destruir por si “un día podrían arrepentirse” y han preferido “tomar parte de la creación de la historia emocional colectiva”.

Cada objeto donado viene expuesto con las fechas de inicio y final de la relación, la ciudad y país de origen, así como una historia escrita por el dueño del objeto. La web del museo recomienda a los posibles donantes que, en este relato, sean "francos, tímidos, furiosos, imaginativos, ingeniosos o tristes", los únicos límites es no dar nombres completos o datos que puedan llevar a reconocer a otra persona y no ser ofensivos o discriminatorios.

Cada objeto donado viene expuesto con las fechas de inicio y final de la relación, la ciudad y país de origen, así como una historia escrita por el dueño del objeto.

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El museo propone, según explica Grubišić uno de los autores, “un acercamiento positivo” y desde “una perspectiva humana” a las relaciones, pasando por todo tipo de emociones, como “la tristeza, la rabia, la aceptación y también el humor”.

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El Museo de la Relaciones Rotas nació en 2006 como una exposición itinerante para luego hacerse Museo con sede en el palacio barroco de Kumer de Zagreb.

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