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“Tenía frente a mí el gran retrato que yo deseaba de mi hermano. Supe que esa foto, de hacerla, nos redimiría a los dos. Pero por Dios, antes de nada necesitaba un milagro, pero no el de poder volar como los pájaros para ir y volver de mi casa rápidamente trayendo el equipo de trabajo. El que yo requería precisaba toda la ayuda divina para que milagrosamente desaparecieran de allí todos los que estaban: padres, hermanos, abuela…

No hubo milagro, se chingó la foto y recibí una nueva herida. Poco importa. Los trapecistas a la pista… El espectáculo debe continuar.

Años más tarde, con la camisa más personal y carismática de Willy, le hice, en su eterna ausencia, una fotografía, su retrato.”

Extraído de “El arma de un crimen. Moriremos Mirando” de Alberto García-Alix.


Ver también: “Una pequeña historia de amor” de Alberto García-Alix

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