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Amigo Alfonso,

llevaba varios días queriendo escribir unas palabras sobre tu última exposición “11 de octubre”, dudando sobre qué tono emplear y ¿qué más apropiado a la amistad que una carta, si pensamos la amistad como un intercambio a propósito de la experiencia del mundo? Si bien la amistad es un modo de amor, a diferencia de los amantes que tienden a separarse del mundo (el amor es por así decir impolítico), los amigos sí aspiran a lo común. La amistad es la expresión de una comunidad mínima.

Hace unos días coincidimos en una inauguración y en la cena que después improvisamos, alguien nombró la palabra “comunismo” y dijiste “qué bonita palabra”. Lo común, lo colectivo, lo compartido. Comunidad, comunitarismo. La palabra “comunidad” nos trasmite una sensación positiva, algo así como un lugar cálido de convivencia, un paraíso perdido.

Veo en tu obra un elogio de lo común, un deseo de comunidad que a su vez me inspira a escribir. Muchos de los títulos de tus obras hacen referencia a lugares para habitar: “El patio de los pintores”, “La casa de todos”, “Moradas”, “Invernaderos”, “Mirador”. Los entiendo como una invitación a considerar el mundo un lugar acogedor, hospitalario. Son también una invitación a no abandonar el mundo, más bien al contrario, una llamada a sostener el mundo. “¿Qué será entonces de todos los desvelos…?” escribes.

“La vida se reitera para recobrarse en su caída, como reteniendo su aliento en una aprehensión instantánea de su origen, pero la reiteración de la vida por si misma quedaría desesperanzada sin el simulacro del artista, al reproducir ese espectáculo, consigue escapar, el mismo de la reiteración.” No es la primera vez que recurro a esta cita de Pierre Klossowski que me resulta enigmática, por no saber abarcarla.

¿Sostener lo que cae? ¿Sostener lo real a través de lo simbólico, sostener el desprendimiento del sujeto?  ¿Sostener para mantener antes de dejar ir, dejar caer? El afortunado título de tu exposición “Todo al arder se iguala” hace referencia a la caída. “Lo activo es lo que cae, lo que desciende” nos recuerda Deleuze. La caída es lo más vivo, aquello que experimenta el viviente con mayor intensidad. La separación, la resta, el vacío hace posible el mundo, la vida. Morir y renacer, destruir y recomenzar, quemar y abrir claros del bosque (muy bien traída a María Zambrano en el texto de Javier San Martín de tu exposición). “¿Qué merece ser salvado?” te preguntas. Casas y moradas que cuentan con sus sombras. Una idea de lo común y de la comunidad que no escamotea su ruina latente, su naufragio.

Construyes en tus cuadros redes de pintura y vegetales enredados que ordenan el caos sin caer en formulaciones, ni formulismos. Abordas el trabajo de la pintura con la certidumbre del potencial fracaso, aceptando como horizonte la falta de sentido e introduciendo en el proceso de trabajo la destrucción de lo realizado. En ocasiones ocultas las múltiples capas del cuadro y en otras destruyes lo que de imagen tiene una obra visual, para permitir que exista lo inesperado. Tus redes vegetales sostienen un primer plano que permiten un lugar desde el cual mirar y también agarrar la mirada del espectador. Entiendo que en este lugar entre el cuadro y el público empieza el clima de convivencia.

Louise Gluck nos recuerda que “no se puede poseer la tierra solo experimentarla”.

Un beso

T.

 

alfonso ascunce vista exposicion

Vista de la exposición

"11 de octubre". Exposición de Alfonso Ascunce. 
Museo Gustavo de Maeztu. Estella. 2012

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