Etiquetas

Pierre Klossowski es conocido como escritor, filósofo, pornógrafo, teólogo, traductor, novelista, actor y también dibujante, todo ello bajo el signo del erotismo.

Klossowski participa de las mismas preocupaciones y espíritu del surrealismo: las figuras del mal, la muerte, la belleza, el goce de los sentidos, en clara afinidad con Buñuel, Blanchot o Bataille, por citar algunos.

Pinta y dibuja con lápices de colores sobre papeles de gran dimensión las mismas escenas que describe en su trilogía “La Revocación del Edicto de Nantes” (1959), “Roberte, esta noche” (1954) y “Le Souffleur ou le théâtre de société” (1960). Representa en imágenes y esculturas lo que denomina “las leyes de la hospitalidad”, el préstamo (sexual) de la esposa por parte del anfitrión-marido a los amigos y desconocidos que visitan la casa. Es la mirada como goce sexual y estético.

Explico brevemente el argumento. Octave y Roberte son un matrimonio de clase burguesa en el París de los años cincuenta, que bajo una apariencia convencional esconden prácticas eróticas subversivas y perversas. El marido, Octave, es un fiel admirador de un pintor ficticio, Tonnerre, que pinta “tableaux vivants”. Octave escribe en un diario  las aventuras sexuales que planifica para Roberte con otros hombres, como lo haría el director de puesta en escena. Octave es un mirón y a Roberte le gusta ser mirada. Todo perfecto: se acopla el placer voyerista de mirar, la pulsión escópica de Octave con el placer exhibicionista de Roberte. Ambos son actores en un juego organizado, en un simulacro de consentimientos mutuos, donde cuentan los gestos, las posturas, lo que Klossowski llamaba la “pantomima de los espíritus”.

Octave y Roberte se complementen y convergen en sus modos de placer, pero éste es su único punto de vinculación. En las novelas cada uno de los protagonistas escribe un diario personal donde es interesante comprobar que sus puntos de vista y argumentos son claramente contrapuestos y sus búsquedas divergentes.

Sus goces están irremediablemente enganchados a las escenas eróticas y perversas de una guerra de sexos infinita y sin tregua. “La puesta en acto de la diferencia sexual particularizada en las escaramuzas de Octave y Roberte, no hacen sino singularizar una de las innumerables cristalizaciones de la lucha entre los sexos” (Cristina Marqués Rodilla).

 

Anuncios