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«Las cartas de amor se empiezan sin saber lo que se va a decir y se terminan sin saber lo que se ha dicho». Jean-Jacques Rousseau

La serie de obras “Amor verdadero”, inspirada en Rousseau y en las cartas de amor, alude con humor y sentido autocrítico a la propia autobiografía, a modo de diario íntimo y personal.

El texto que acompaña a la exposición “True Love” explica lo siguiente: “Utiliza estas atmósferas cargadas para hablar de la complejidad personal y sentimental de lo que él llama “el nuevo hombre y la nueva mujer” y a través del artificio revelar nuevos aspectos de nuestras emociones más profundas”.

La obra de Gino Rubert tiene una ambiguedad intrigante. También en la técnica empleada: ¿es pintura o fotografía? ¿o está a medio camino entre la pintura y el collage? ¿Qué son esos personajes, marionetas de una casa de muñecas, zombis inexpresivos, vampiros que se chupan la sangre hasta volver gris la piel? ¿El espectador está en una posición de voyeur, asistiendo a una escena privada a la que no ha sido invitado?

Pienso más bien que los personajes parecen estar posando (y estamos hablando de apariencias), expuestos y esperando a ser mirados. Semejan maestros de ceremonias anoréxicos y desvitaminados, seres desasistidos que demandan ser vistos, objetos deseosos de exponerse a la mirada, mostrando sus peculiares formas de goce. Se trata del juego de ser visto (deseado) y darse a ver; la seducción de la mirada y el placer de mirar; lo bello y lo siniestro; amar y dominar.

Ver también “The love loop

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