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En una fiesta de cumpleaños (casual y accesorio), se les invita a los participantes a escribir una carta de amor y dejarla en una caja.

A continuación cada persona que haya depositado una carta de amor puede coger otra de la caja.

Según idea original, cada participante, se queda con esta carta pero la dinámica de la fiesta y los propios participantes llevan a que se juntan todas las cartas y se envían en forma de collage a todos los remitentes / destinatarios (abajo).

Reflexiones acerca de una carta de amor

El desafío del experimento gira alrededor de las premisas habituales de una carta de amor:

Una carta de amor es personal e intransferible.

Una carta de amor tiene un remitente y un destinatario, ambos conocidos, tratándose de una asunto íntimo entre ellos.

Rompemos estas reglas del juego dejando una carta de amor – con o sin destinatario – en una caja para que la coja cualquiera. Recibiendo una carta de amor de no-se-sabe-quién que, a su vez, desconoce a quien le llegará.

Y se publican.

Deja de tener validez la carta de amor intransferible y única, con un único remitente y un único destinatario que se conocen entre ellos y mantienen (o empiezan) una relación (amorosa).

¿Cuáles son las conclusiones a sacar?

La carta de amor anónima, no dirigida a mí, no deja de tener validez para mí.

Y no pierde su carácter personal que viene a ser la única característica de las premisas originales que se mantiene: Creo posible saber o intuir con cierta certeza quien ha escrito (o no) determinada carta.

El aspecto íntimo y limitado de una carta de amor se amplía de manera imprevista, desembarcando en un sentimiento de amor universal y ganas inmensurables de escribir cartas de amor – personales e intransferibles – a todos los participantes de la fiesta.

Y, perdura el sentimiento amoroso de manera asombrosa, en vista de una carta de amor anónima escrita en la noche del 3 de Marzo 2012, colgada en la pared de mi casa, de la que me he quedado enamorada.

Enamorarme de una carta de amor – 1ª parte

Reflexiones sobre la carta de amor – 2ª parte

Claudia

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