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Convivo con una carta de amor que está colgada en mi pared.

Convivo con esta carta, me espera en casa, me acerco a veces, muchas veces, y la vuelvo a leer. No deja de sorprenderme. Y de provocar unas sensaciones increíbles. Convivo con esta carta que parece tener vida propia. ¿Estará todo el día en el mismo sitio? ¿O se mueve por la casa cuando no estoy?

Ahora tengo prisa para llegar a casa. Y ahí está, quieta, llena de letras, esperándome. Después de tantas veces que la he leído, aún no me la sé de memoria. Porque no soy capaz de pensar, solo soy sentir. Y me dejo llevar, me dejo sorprender, cada vez de nuevo.

Memorizo tu letra, me entra hasta dentro. La manera de expresarte, tan peculiar, tan clara, sencilla y sincera y, a la vez, con tanto sentimiento, tan profunda, con tanto amor. Conocerte, comprenderte, ahondar en lo más profundo de tu ser y del mío, sin límite, me parece lo más deseable del mundo.

Pero solo me has dejado esta carta, anónima, sin destinatario, que me llega al alma y me deja atónita ante algo que pensaba solo mío.

Ver “Experimento”

Reflexiones sobre la carta de amor – 2ª parte

Claudia

 

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