Etiquetas

,

Es Lander, arrastrando los pasos, como es su costumbre, encorvado y con una camiseta negra que supongo que es de su hermano, ya que le queda increíblemente pequeña. La camiseta lleva cosidas unas lentejuelas plateadas bordeando la palabra “disturbia”, que está impresa en blanco. Si, ciertamente es horrorosa.

Sus bolsillos abultan una barbaridad, y lleva las manos metidas en ellos, intentando que no se le caigan las cosas.

-¿Que pasa campeón?.- Le digo, provocándole una leve sonrisa. -Ya ves, estoy de incógnito, repartiendo secretitos.- Y me guiña un ojo, en realidad me guiña los dos. El se cree que sabe guiñar, pero no, no sabe. Cuando lo hace, cierra los dos ojos.

Mira hacia los lados, me coge una mano y deja que se deslice por ella algo que ha sacado de sus bolsillos. – Míralo cuando me haya ido.- Me dice con voz susurrante. -Tengo que seguir trabajando.- Y se va.

Lo veo acercarse a la farmacia y se para junto al farmacéutico que está en la puerta tomando el Sol. Lo conoce desde hace muchos años. Es el que le suministra el Notamid.
Le entrega al farmacéutico el secreto en su mano. El farmacéutico es manco y se apuntó a un curso de malabares. Es todo voluntad el farmacéutico, por eso aunque tenga solo una mano siempre sonríe como si tuviera dos.
Lander le guiña un ojo, bueno, le guiña los dos, y esto le hace reír al manco. Lander se despide y sigue su camino.

Se acerca hasta la Plaza, parándose junto a Mai, la que es un poco miope y un poco bizca también. Es muy hermosa. Y es el amor imposible de Lander. También le entrega su secretito.

Unos metros más adelante está Cat y antes de que ella le le diga nada, él ya le ha dejado el secreto en su mano. Ahora es Cat quien responde al guiño de Lander, con otro guiño. Pero Cat guiña perfectamente, a pesar de que nadie se lo enseñara.

Y mientras él continua su recorrido repartiendo secretitos yo decido ver que es lo que me ha dado. Es un papel arrugado, hecho un bolo, como esos papeles que nos pasábamos de mesa en mesa en la escuela, confesando amores o desafiando al tiempo, para que fuera más breve y hacernos mayores.

Lo abro, y hay una palabra escrita con tinta roja, -“Gracias”- y a su lado hay dibujado algo parecido a un corazón, pero también pudiera ser un culo. Pero no, seguro que se trata de un corazón. Lander, pobre, no hizo Bellas Artes y fíjate en qué se ha quedado.

A la noche, desde la ventana le he visto pasar, regresando a su casa, con sus bolsillos vacíos. Me ve y me levanta la mano, me guiña un ojo, bueno los dos, y sonríe. Camina más erguido y se le ve pleno, como si hubiera retenido el aire en sus pulmones. Sin peso. Va satisfecho. Si no fuera por esa camiseta, estaría guapísimo.

Guapo. Como un campesino cuando vuelve a casa después de haber hecho la siembra.

JOSU

Anuncios